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5 de noviembre de 2026
Miguel Ángel Ronda Mejor Docente #FP España 2026 y profesor de informática CPIFP Alan Turing
Miguel Ángel Ronda, reconocido como Mejor Docente de FP de España 2026, reflexiona sobre los riesgos de delegar el pensamiento en la IA en un mercado laboral con menos oportunidades para los jóvenes.
La tormenta perfecta.
No es la IA.
Es usar la IA para saltarse el pensamiento.
El uso abusivo de la #IA puede mermar las capacidades cognitivas de los estudiantes. O, al menos, eso empiezan a señalar con bastante fuerza los primeros estudios serios sobre el tema.
Y si a eso le sumamos la caída en picado de las contrataciones de perfiles #junior, el resultado es bastante preocupante: recién titulados que llegan al mercado laboral con menos oportunidades justo cuando más necesitan aprender trabajando.
Nunca había sido tan fácil aprobar.
Nunca había sido tan fácil entregar algo correcto.
Nunca había sido tan fácil aparentar que se sabe de algo que, en realidad, no se sabe.
Y ese es el problema: confundir rendimiento con aprendizaje real.
Porque entregar no es comprender.
Porque aprobar no es saber.
Porque resolver una tarea con IA no significa saber resolverla.
La consecuencia es que se puede llegar —y se llega, me consta— a un puesto laboral con un expediente brillante, un portfolio aparente, trabajos muy bien redactados y, sin embargo, una capacidad cognitiva débil.
Débil para sostener una idea propia.
Débil para detectar errores.
Débil para explicar el porqué.
Débil para crear sin plantilla.
Débil para decidir sin asistencia.
Eso es lo que se llama deuda cognitiva.
La deuda que adquirimos cuando dejamos de ejercitar ciertas capacidades cerebrales a cambio del beneficio inmediato de ser más productivos, ya sea en los estudios o en el trabajo.
Es como la deuda técnica, pero en vez de estar en el código, está en la cabeza.
Hoy gano velocidad.
Mañana pago intereses en forma de dependencia.
El estudio del MIT Media Lab, Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task, analizó a 54 participantes mientras escribían ensayos en tres condiciones: usando un LLM como ChatGPT, usando un buscador y sin herramientas externas.
Al medir la actividad cerebral con EEG, el grupo que usó el LLM mostró la menor conectividad neural. El grupo que escribió sin herramientas mostró la mayor. Además, los textos generados con ayuda del modelo tendían a ser más homogéneos, menos personales y con menor sensación de autoría por parte de quienes los escribían.
No es que la IA sea mala.
No es ese el mensaje.
El problema aparece cuando la IA no acompaña al pensamiento, sino que lo sustituye.
Cuando no se usa para contrastar, mejorar o ampliar una idea propia, sino para evitar tener que construirla.
Y todo esto ocurre justo cuando el mercado está reduciendo muchos de los trabajos de entrada. Según el informe State of Tech Talent 2025 de SignalFire, en las Big Tech los recién graduados representan ya solo el 7% de las contrataciones, y las nuevas contrataciones de graduados cayeron un 25% respecto al año anterior.
Por otro lado, los datos sobre empleo joven en ocupaciones muy expuestas a la IA apuntan en la misma dirección: los perfiles de 22 a 25 años están siendo especialmente vulnerables en determinados sectores.
Ahí está la tormenta perfecta.
Por un lado, estudiantes que pueden superar etapas formativas sin haber consolidado realmente las competencias.
Por otro, empresas que cada vez tienen menos paciencia, menos plazas junior y más herramientas para automatizar parte de ese trabajo de entrada.
Antes, el mercado laboral absorbía parte de la inmadurez profesional: entrabas como junior, aprendías, te equivocabas, alguien te corregía, ganabas oficio.
Ahora puede que esa escalera tenga menos peldaños.
Y si encima llegas sin haber desarrollado músculo mental, criterio y autonomía, el golpe puede ser doble.
Por eso creo que la pregunta importante ya no es: “¿Usas IA?”
La pregunta importante es: “¿Qué parte de tu pensamiento estás delegando?”
Porque usar IA para aprender puede ser potentísimo.
Usarla para no pensar puede salir carísimo.
No sé cómo será el futuro, pero el presente es para los curiosos, los que preguntan mejor, los que contrastan, los que se equivocan pensando y los que aún están dispuestos a hacer el esfuerzo de comprender.
La IA puede ser una palanca enorme.
Pero una palanca no sirve de nada si debajo no hay fuerza propia.