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Configuración de la FPIA.2 Contexto socio–económico

¿Qué es y para qué sirve hoy la Formación Profesional? De la VT (Formación Profesional) a la VET (formación y educación profesional)

Acerca de la formación profesional se han mantenido multitud de prejuicios, tanto en positivo como en negativo (Merino et al 2011).

Año:2012

Autor/es

  • Planas Coll, Jordi

Filiación: Universidad Autónoma de Barcelona

Comunidad Autónoma / Región:Cataluña

Revista:Revista de la Asociación de Sociología de la Educación (RASE) , Vol/nº: 5 (1) , Páginas: 5-15

Palabras clave:

Resumen

Acerca de la formación profesional se han mantenido multitud de prejuicios, tanto en positivo como en negativo (Merino et al 2011). En positivo los dos más frecuentes son que la formación profesional garantiza el acceso al empleo y en un determinado empleo y que la formación profesional constituye una alternativa a la educación universitaria y, en negativo, que es la formación de los que no sirven para estudiar o no quieren hacerlo.

En términos de intenciones los ciclos de educación y formación que se etiquetan como Formación Profesional son muy distintos en función del tiempo y del espacio o lugar a que nos refiramos. En general se llama FP a aquellas formaciones que tienen una finalidad explícita de preparar para el ejercicio de determinada “profesión”, para diferenciarla de la formación llamada “general” que no tiene intención de preparar para ningún tipo de empleo específico. Con los obligados matices derivados de las diferencias entre países, sobre todo en el pasado, se refieren a profesiones cualificadas pero no de nivel superior, dejando este espacio a otra formación, a menudo también profesionalizante, que se imparte en las universidades o escuelas superiores. De tal manera que la FP frecuentemente se presenta como una formación alternativa a la formación universitaria a la que se consideraría excesiva para parte de sus estudiantes y fuente de subempleo o sobreeducación.

A partir de estas características compartidas la diversidad que presenta las formaciones etiquetadas como FP es enorme. Abordar la complejidad de las distintas modalidades de FP no es ni posible ni pertinente en este texto; en él, al hablar de FP, nos centraremos en los ciclos que llevan esta etiqueta dentro del sistema de educación formal, lo que acostumbramos a llamar FP “reglada”.

Objetivos / Hipótesis

Contrastar las definiciones y los prejuicios en torno al término “Formación Profesional”, con la realidad de su uso en el discurso de las políticas de educación y formación y, sobre todo, con la realidad del mercado de trabajo y de los usos formativos de los jóvenes.

Tipo de Investigación y Metodología

Investigación Descriptiva  // Cualitativa

Detalle: Estudio teórico-descriptivo. 

Participantes / Muestra

Fuentes Documentales.

Instrumentos

Revisión documental.

Resultados / Conclusiones

Tanto por su función en el mercado de trabajo como por los usos formativos de los jóvenes, la FP ha dejado de ser el ciclo terminal y separado de la formación “general”, que aún pretende ser en normativas como la española, para ser una modalidad de formación más que los jóvenes incorporan a sus itinerarios de formación para el trabajo y que los empleadores valoran en su contratación conjuntamente con otras modalidades de formación sin respetar necesariamente las correspondencias a las que estaban predestinadas normativamente.
 
Los datos presentados nos muestran que el mercado de trabajo, ni desde la “oferta” (resultante de los itinerarios formativos de los jóvenes) ni desde la “demanda” (el comportamiento de los empleadores en la contratación y retribución de los jóvenes) sigue mayoritariamente el modelo en el que se basa la concepción típica y tópica de la FP.

Los jóvenes, o al menos una buena parte de ellos, no consideran la FP y la universidad como alternativas, sino como ingredientes posibles y, a veces complementarios, de sus itinerarios formativos y, en la medida que esto sea posible (la ley y la oferta formativa lo permitan), los pasos de una a otra formación (en las dos direcciones) probablemente se irán incrementando.

Además, los jóvenes han entendido, en su inserción en el mercado de trabajo que sus oportunidades de empleo no se limitan a las prescritas y consideran (5 años después de titularse) que el empleo al que accedieron, aunque no sea el “previsto”, requiere el nivel de formación que alcanzaron y buena parte de las competencias que adquirieron. Además, descubren que no trabajar de lo “previsto” no les penaliza en terminos salariales.

Lo indicado en el párrafo anterior no sería posible, si el comportamiento de los empleadores en la contratación y la retribución de sus empleados fuera en otra dirección. Observamos que, de facto, el comportamiento de los empleadores, tanto en su contratación como en la retribución, es más “flexible” o heterodoxo que el prestablecido en los esquemas prefijados de correspondencias entre formación y empleo por las instituciones encargadas de hacerlo. Aunque parezca banal, para entender el comportamiento de los empleadores hay que recordar que el empleo de los jóvenes es un reflejo del comportamiento de los empleadores, que los jóvenes no accederían a los empleos a los que acceden ni en las condiciones que lo hacen si no les contrataran.

¿Qué tiene que ver esto con la función de la FP? Frente a visiones de la FP monolíticas y basadas en el carácter alternativo de su función, propias de la lógica interna de las instituciones de formación, lo que hemos presentado nos indica que actualmente la FP es usada, tanto por jóvenes como por empleadores, como un conjunto de ciclos que pueden tener funciones diversas y, en todo caso, complementarias con las otras modalidades de formación.

¿Implica ello que es indiferente el tipo de formación que reciban nuestros jóvenes y adultos? La respuesta es que no! Pero sí que significa que la formación profesional inicial debe ser construida y pensada junto a, y en interacción con, la formación general y con todas las modalidades de formación profesional. Por ello considero que en el próximo futuro, viviremos una metamorfosis de lo que llamamos formación profesional y ello debido a dos factores a los que nos hemos referido durante los apartados anteriores: las estrategias de formación de las personas y los requerimientos de los empleadores.

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En colaboración con:

  • Fundación Bertelsmann
  • Universidad de Murcia
  • Universitat de Barcelona

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